My dad, Enrique, grew up in Tlachichila, Zacatecas — un pedazo de tierra colorada, a little patch of red earth. He's the kind of man who can't sit still, and he never has been.
For most of his life those hands worked construction — long days, hard labor, year after year, always providing for our family. He never complained. He just showed up and built things so the rest of us could have what we needed. We are so proud of him.
Now, a few years into retirement, he finally gets to slow down and make things just for the joy of it. He set up a little workshop out in the yard — partly for his own space, and partly (let's be honest) to stay out of my mom's hair — and there's always something new out there: something he's built, shaped or painted, half of it already given away to a tío or a neighbor.
He makes every piece the same way: slowly, carefully, with no deadlines and no rules — just his hands and whatever he feels like creating. After all those years of working for everyone else, he finally gets to create just for fun. We built Casa de Padre so he could share that joy with the world.
— con cariño, sus hijos
Mi papá, Enrique, creció en Tlachichila, Zacatecas — un pedazo de tierra colorada. Es de esos hombres que no pueden quedarse quietos, y así ha sido toda su vida.
Durante casi toda su vida, esas manos trabajaron en la construcción — días largos, trabajo duro, año tras año, siempre proveyendo para la familia. Nunca se quejó. Solo se levantaba y construía, para que los demás tuviéramos lo que necesitábamos. Estamos muy orgullosos de él.
Ahora, ya jubilado, por fin puede ir más despacio y crear cosas solo por el gusto de hacerlas. Se armó un pequeño taller en el patio — en parte para tener su propio espacio, y en parte (la verdad) para no molestar a mi mamá — y siempre hay algo nuevo allí: algo que construyó, moldeó o pintó, la mitad ya regalada a un tío o a un vecino.
Cada pieza la hace con el mismo cariño: despacio, con cuidado, sin fechas de entrega y sin reglas — solo sus manos y lo que tenga ganas de crear. Cada pieza es única; no hay dos iguales. Después de tantos años trabajando para todos, por fin crea solo por gusto. Creamos Casa de Padre para que pudiera compartir esa alegría con el mundo.
— con cariño, sus hijos